UNA FAMILIA MARCADA
Una Familia Marcada
La familia madrileña Blasco, a la que pertenecía el niño Fernando Blasco Baselga, muerto el pasado sábado en el atentado de Omagh, no es la primera vez que se enfrenta a las consecuencias de un acto terrorista. El padre del infortunado pequeño, Manuel Blasco, había sido una de las víctimas -leve- de un atentado de ETA el 9 de junio de 1992. En esa ocasión, Manuel Blasco conducía su automóvil por la calle Madre de Dios, junto al hipermercado Jumbo. En las inmediaciones estalló un coche bomba que contenía unos 30 kilos de amosal. La explosión hirió a diez militares y tres civiles, entre ellos el padre de Fernando.
El niño, Fernando Blasco Baselga, cumplía trece años el próximo mes de noviembre y era el quinto hijo del matrimonio de Manuel y Lucrecia Baselga. Estudiaba primer curso de ESO en el colegio jesuita El Recuerdo, en Chamartín. Su hermana, Lucrecia, de 14 años, también recibió heridas en el rostro que le afectaron el oído y que tendrán que ser tratadas con cirugía estética.
Los dos niños, confundidos por el falso aviso de ubicación del coche bomba, corrieron hacia el auténtico. Otro de los hermanos de la familia Blasco, Juan Pablo, también estaba en Irlanda, aunque no se unió al grupo que visitaba Omagh.
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