CINISMO TERRORISTA
Cinismo terrorista
El IRA Auténtico, grupúsculo contrario al acuerdo de paz para Irlanda firmado el pasado 10 de abril, ha reivindicado el atentado que causó el sábado, en Omagh, el más sangriento en treinta años de conflicto. Lo ha hecho en un comunicado que intenta desentenderse de haber asesinado a 28 personas y de herir a más de doscientas. Los terroristas piden perdón a las víctimas y aseguran que no querían matar a nadie. Atribuyen la masacre a un "malentendido". Intentan desviar la responsabilidad hacia las autoridades, que, según quienes prepararon un coche con 250 kilos de explosivos, no actuaron correctamente al evacuar una zona comercial muy concurrida. Han anunciado un "alto el fuego", pero no han mostrado remordimiento. Es una suma de despropósitos inspirados en un macabro cinismo.
Las excusas de los terroristas siempre llegan tarde, no logran vencer el escepticismo de la opinión pública, ni alivian, por supuesto, la amargura de los afectados ni el desconcierto de quienes confian en las vías de pacificación. El terrorismo no tiene justificación alguna y tampoco puede ser objeto de valoraciones discriminatorias alentadas por la hipocresía política.
El atentado de Omagh, concretamente, ha motivado que HB, la coalición vasca que jamás condenó un atentado de ETA, emitiera un comunicado en el que asegura sentirse afectada por un atentado "contra el proceso de paz" que atribuye a "sectores contrarios al diálogo". Dos días después, HB se sumó en Guecho, por primera vez, a la condena formulada por todos los partidos representados en el Ayuntamiento contra los encapuchados que incendiaron un edificio habitado por ocho familias. Si estos dos gestos representan un cambio en las posiciones de HB respecto al terrorismo, bienvenidos sean. Pero los procesos de paz empiezan por la reconversión sincera de los violentos y de quienes les amparan políticamente.
En el caso de Irlanda, incomparable con el País Vasco en sus aspectos históricos y políticos, el terrorismo residual mantenido por tres grupos minoritarios no es probable que rompa un proceso pacificador por el que ha apostado el Sinn Fein, brazo político del IRA. Los gobiernos de Londres y Dublín han ratificado el propósito de erradicar una violencia sectaria que, aun que marginal, causa estragos crueles y que, con la complicidad de extremistas de uno y otro bando, entorpece el camino de la paz. Contra las provocaciones terroristas y su cinismo hay que imponer la fuerza de la responsabilidad política.
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