CONMOCION POR EL ULSTER
Conmoción por el Ulster
Tres días después del atentado de Omagh, en el que 28 personas murieron, entre ellas dos ciudadanos españoles, el Ulster trata de recuperar el espíritu que el pasado 10 de abril, un Viernes Santo, permitió concluir un acuerdo de paz para poner fin a un conflicto que en tres decenios se ha cobrado más de 3.200 vidas. No será fácil, por cuanto la atrocidad del pasado sábado será utilizada como ariete contra la paz por los grupos contrarios al acuerdo suscrito hace cuatro meses.
El atentado de Omagh debe, sin embargo, volverse contra las minorías, católica y protestante, que se oponen a la paz. Las imágenes de la atrocidad hablan por sí solas y son la mejor prueba de cómo el anacronismo de la barbarie sectaria sigue instalada en el Ulster, un territorio que puede ser irlandés o británico, pero que, en cualquier caso, es miembro de la Unión Europea.
No será fácil que España olvide lo que ha ocurrido. Dos ciudadanos españoles se han convertido en los primeros turistas extranjeros que pierden la vida a causa del conflicto del Ulster. Y esto no sólo subraya el carácter indiscriminado de la acción terrorista del sábado, sino también la ausencia, como ocurre con el terrorismo de ETA, de una línea política que no sea el terror por el terror. Por lo demás, la acertada decisión del Gobierno español de facilitar todos los medios para que las familias afectadas pudieran trasladarse a Irlanda ha servido para paliar la conmoción causada por el sangriento atentado también entre la opinión pública española.
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