EP/044

LA PAZ NO TIENE PRISA

La paz no tiene prisa
M A BASTENIER

La paz en Irlanda se halla sólo relativamente relacionada con acuerdos políticos, treguas del IRA, declaraciones del para-militarismo protestante y esquemas intelectuales fabricados por el primer ministro británico Tony Blair, como acaba de poner de relieve el bárbaro atentado de Omagh, reivindicado por extremistas católicos.
Las razones para que en el Ulster actúe una feroz guerrilla que combate por la reunificación de Irlanda son de dos órdenes.
Primero, una reivindicación secular, aunque crecientemente nebulosa, contra Londres, que no ha dado por terminada su ocupación de una parte de la isla al cabo de siete siglos de que los cuatro reinos históricos. Ulster, Munster, Leinster y Connaught fueran heredados por un soberano inglés: luego, una discriminación flagrante de la minoría católica de la provincia británica, que, en su fase contemporánea, nace con la división de la isla en 1921 en Irlanda del Norte y lo que en 1948 se convertirá en República de Irlanda. El IRA surge durante la I Guerra para oponerse a la partición y defender a esa minoría discriminada.
La reivindicación nacional para ser convincente debía basarse no sólo en el deseo de reunificación de los católicos norir-landeses, sino en que se mantuviera viva esa misma aspiración en la república. Y si el apoyo al IRA difícilmente ha pasado del 10% de la población del Ulster, aun en los años más duros, tras la resurrección del IRA militar en l968, la integración de la república en la CE. la mejora espectacular de su nivel de vida, la descristianización de la que puede haber sido la nación más católica de la tierra, han hecho que la Irlanda independiente vea hoy, al contrario, el Ulster como un sangriento incordio y apenas vibre patrióticamente con la idea de la reunificación.
La fuerza popular para el combate contra Londres ha procedido, fundamentalmente por ello, de una desigualdad socioeconómica, de unos agravios contra la discriminación ejercida por la mayoría protestante. Y esa discriminación ha ido siendo eliminada en los últimos 20 años, acortando considerablemente la separación material entre las dos comunidades. A causa de la paulatina desintegración de la reivindicación económica, y la fatiga generada por una guerra que no podía ganar, el IRA, arrastrado por la visión de Gerry Adams, jefe de su brazo político, el Sinn Fein, se avino finalmente a la paz firmada el pasado 10 de abril con Londres y la mayoría unionista-protestante. Ese acuerdo es, paralelamente, obra de la perspicacia de otro personaje, Tony Blair, que ha urdido no una solución al problema, sino un planteamiento del mismo que dé razones a católicos y protestantes para esperar a que desaparezcan las diferencias socioeconómicas y, a mayor abundamiento, a que la construcción europea, si Londres lo permite, haga intangible la divisoria, el border, entre república irlandesa y provincia británica.
Desde ese punto de vista el acuerdo de paz es, en realidad, una ortopedia para que las partes renuncien a un verdadero acuerdo que hoy no es posible.
Desde ese punto de vista el acuerdo de paz es, en realidad, una ortopedia para que las partes renuncien a un verdadero acuerdo que hoy no es posible.
Pero la construcción de ese plan de aproximación a la velocidad de la babosa entre las dos partes de la isla surte un efecto también perverso. Da el máximo protagonismo a los radicales de los radicales, el IRA auténtico del IRA de la tregua, y a los pistoleros unionistas del protestantismo resignado, lijándoles un objetivo mucho más nítido contra el que luchar que la situación precedente de cambio gradualista: un acuerdo insuficiente.
Por eso, los documentos de abril hacen de imán para una violencia tanto más brutal cuanto ínfima sea la minoría que la practique. Como en una ley matemática por descubrir, cuanto menos apoyo, más vesania.
Así se explica que haya acuerdo de paz y tantos o más muertos que cuando no lo había. Por ello los textos de abril es mejor que existan, pero no porque signifiquen la paz, sino porque ayudan a esperar con un mapa a la vista, por vago que sea, a que no haya nada que reivindicar y la isla, di-
vidida o no, se sienta realmente unida, quizá en el contexto de Europa, pero, sobre todo, en el disfrute material de una sociedad sin discriminaciones.


Further Information

Publisher: EL PAIS DOMINGO

Ref: EP/044

Published Date: 23-Aug-98

Related Images

There have been no images archived for this article.